Tengo los ojos puestos en el
Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de
mí, que estoy solo y afligido.
Oremos:
Nos acogemos, Señor, a tu providencia que nunca se equivoca, y te pedimos
humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda
contribuir a nuestro bien.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El Señor hizo a los hombres
conforme a su propia imagen
Lectura del libro del Eclesiástico
17, 1-15
Formó el Señor al hombre de la
tierra y allá lo hará regresar de nuevo. Asignó a los hombres días y tiempo
limitados; puso en sus manos todo cuanto existe en la tierra; los revistió de
una fuerza como la suya y los creó a su imagen. Hizo que todo ser viviente les
temiera, para que dominaran sobre las fieras y aves.
Les formó lengua, ojos y oídos y les dio un corazón para pensar; de ciencia e
inteligencia los llenó y les dio a conocer el bien y el mal; les infundió su
propia luz para mostrarles la grandeza de sus obras. Así alabarán su nombre
santo, proclamando la grandeza de sus obras.
Les concedió además conocimiento y en herencia les dio la ley de la vida;
estableció con ellos una alianza eterna y les manifestó sus decretos. Vieron con
sus ojos la grandeza de su gloria, con sus oídos oyeron su voz majestuosa.
El les dijo: "Cuídense de practicar el mal", y les dio mandamientos
con relación al prójimo. Ante Dios está siempre la conducta del hombre, y nada
se oculta a sus ojos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 102, 13-14.15-16.17-18a
La misericordia del Señor
dura por siempre.
Misericordia
Domini ab aeterno super timentes
eum
Como el padre siente ternura
por sus hijos, así siente el Señor ternura por quienes lo respetan; él sabe de
qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo.
La misericordia del Señor dura por siempre.
Misericordia
Domini ab aeterno super timentes
eum
Los días del hombre son como la
hierba: florecen como la flor del campo, pero apenas la roza el viento, deja de
existir y nadie la vuelve a ver en su sitio.
La misericordia del Señor dura por siempre.
Misericordia
Domini ab aeterno super timentes
eum
En cambio, el amor del Señor
por quienes lo respetan dura eternamente y su salvación alcanza a hijos y
nietos: a todos los que guardan su alianza.
La misericordia del Señor dura por siempre.
Misericordia
Domini ab aeterno super timentes
eum
Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los
misterios del Reino a la gente sencilla.
Dirigátur, Domine, oratio mea sicut incensum
in conspectu tuo
Aleluya.
El que no reciba el Reino de Dios
como un niño, no entrará en él
† Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
10, 13-16
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo trajeron unos niños a
Jesús para que los tocara, pero los discípulos los reprendían. Jesús, al verlo,
se indignó y les dijo:
"Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque de los que son
como ellos es el reino de Dios. Les aseguro que el que no reciba el reino de
Dios como un niño, no entrará en él".
Entonces Jesús los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Confiados en tu misericordia, Señor,
venimos a tu altar con nuestros dones, a fin de que te dignes purificarnos por
este memorial que estamos celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Proclamación del misterio de Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque unidos en la caridad, celebramos la muerte de tu Hijo, con fe viva
proclamamos su resurrección y con esperanza firme anhelamos su venida gloriosa.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:
[Misa]
Yo te invoco, porque tú me
respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.
Oremos:
Padre Santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con
toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos entrar al
Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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